El fútbol en México es mucho más que un deporte y a menos de 12 meses para México se convierta por tercera vez en la sede de una Copa Mundial de Fútbol, el doctor Roger Magazine, Director del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad Iberoamericana dio a conocer una encuesta que forma parte de su investigación, donde se abordó por qué el fútbol une a México.
En su conferencia titulada “Nacionalismo en juego: La crisis de la mexicanidad vista a través de la selección nacional de fútbol varonil”, el doctor Magazine presentó una encuesta que forma parte de su investigación, la cual vislumbra las opiniones sobre el estado del fútbol mexicano.
Respecto al desempeño de los jugadores, algunos encuestados los calificaron como “guerreros”, “enérgicos” y “perseverantes”; otras respuestas fueron ambiguas, como “agresivos”, “vulgares” o “tramposos”, también hubo opiniones negativas que los describieron como “carentes de autoestima” y “faltos de mentalidad”.
Otra pregunta de la encuesta se enfocó en qué tendría que pasar para que la selección ganara un Mundial. Las respuestas oscilaron entre “traer un psicólogo” o “prepararse mejor” y recibir “un milagro” o “dar una mordida a los otros equipos y a los árbitros”.
Para Magazine y otros investigadores, el fútbol en México es un fenómeno social profundamente arraigado que ha moldeado imaginarios colectivos, representaciones culturales e incluso discursos políticos. Desde su introducción hasta su consolidación como símbolo nacional, el fútbol ha evolucionado en múltiples dimensiones, convirtiéndose en una herramienta clave para la construcción de identidad nacional y un potente vehículo de cohesión social.
En cada Mundial, cada eliminatoria, cada gol y cada derrota, se juega mucho más que un partido: se pone en juego un sentimiento colectivo que trasciende edades, regiones y clases sociales. Para entender por qué el fútbol une a México, es necesario explorar su historia, su función simbólica y su lugar en la vida cotidiana del país.

¿Cómo se transformó el fútbol en una herramienta clave para la identidad nacional mexicana?
La historia del fútbol en México está entrelazada con los procesos sociales y políticos del país. Aunque su origen en territorio mexicano se remonta a fines del siglo XIX, cuando era practicado principalmente por comunidades británicas y élites urbanas, su verdadero arraigo popular se dio tras la Revolución Mexicana.
A partir de 1920, se formó la Liga Nacional, y en 1922, se fundó la Federación Mexicana de Fútbol. En este contexto posrevolucionario, el deporte comenzó a verse como una oportunidad para reconstruir un tejido social fragmentado.
A pesar de su nacionalismo cultural, Vasconcelos reconoció en el fútbol –un deporte extranjero– un instrumento poderoso para unificar a una sociedad marcada por la desigualdad y el conflicto. Este gesto fue más que una apertura deportiva, pues significó legitimar al fútbol como herramienta de cohesión social y vehículo de valores compartidos.
Los símbolos de futbol en México
Con el paso del tiempo, el fútbol dejó de ser exclusivo de las élites para convertirse en un verdadero fenómeno de masas. Las canchas improvisadas en barrios y escuelas, la proliferación de equipos locales y la aparición de figuras futbolísticas mexicanas contribuyeron a su popularización.
Así, el deporte comenzó a desempeñar un papel clave como institución cultural, transmitiendo normas, hábitos y aspiraciones colectivas.
A lo largo del siglo XX, el fútbol se consolidó como una fuente de símbolos identitarios. Los clubes deportivos, con sus colores, cánticos y rivalidades, comenzaron a generar lealtades emocionales comparables a las afiliaciones regionales o políticas. En este campo de juego simbólico, la Selección Nacional –conocida como El Tri– se erigió como un emblema nacional capaz de representar a todos los mexicanos, más allá de sus diferencias.
Fútbol en México, una historia de triunfos y derrotas
Además, el fútbol ha funcionado como un campo de expresión de tensiones sociales. Las rivalidades entre clubes con raíces extranjeras y aquellos formados por jugadores locales reflejaban, en muchos casos, divisiones sociales más amplias: de clase, etnia, región o ideología.
Aun así, el fútbol ofrece un espacio donde esas divisiones podían ser negociadas, discutidas o simplemente vividas en un plano simbólico.
Por otro lado, el fútbol ha servido como un espejo de los altibajos del país. Las victorias internacionales refuerzan el orgullo nacional y la autoestima colectiva, mientras que las derrotas significativas pueden desencadenar crisis simbólicas, provocando reflexiones sociales sobre el papel de México en el mundo o el valor del esfuerzo nacional.
Partidos como México vs. Estados Unidos adquieren, así, una dimensión más amplia que la meramente deportiva: son enfrentamientos cargados de memoria histórica, relaciones de poder y sentimiento patriótico.

¿Cómo une el fútbol a México?
El fútbol une a México porque ha sido parte integral de su historia moderna. Desde su papel en la reconstrucción del tejido social hasta su capacidad actual de generar emociones compartidas y orgullo nacional. El fútbol ha dejado de ser solo un juego para convertirse en un símbolo cultural y una herramienta de unidad. En cada gol celebrado y en cada derrota llorada, se expresa una parte del alma colectiva de México.
A pesar de sus tensiones internas, México encuentra en el fútbol una de sus expresiones más potentes de unidad nacional. El juego tiene la capacidad de reunir a personas de distintos sectores sociales en torno a una causa común: el deseo de ver triunfar a su selección o a su equipo favorito.
En días de partido de la Selección Nacional, es común ver a comunidades enteras congregadas frente a pantallas, ondeando banderas, entonando el himno y compartiendo una emoción colectiva difícil de replicar en otros contextos.
Este sentido de comunidad no es casual. La masificación del fútbol, facilitada por medios de comunicación y políticas deportivas, ha hecho que sea una experiencia compartida a lo largo de generaciones.
Desde las transmisiones por radio hasta las plataformas digitales, el fútbol está presente en el día a día de millones de mexicanos, ofreciendo referentes comunes que ayudan a construir una narrativa nacional compartida.
La capacidad del fútbol para generar orgullo es también un elemento clave en su poder unificador. Triunfos internacionales, como el histórico pase al quinto partido en el Mundial de 1986 o victorias en torneos juveniles y olímpicos, alimentan la autoestima colectiva y refuerzan el imaginario de un México competitivo y valioso en el escenario global.